PABLO VI

 

UNA PRESENCIA VIVA AL SERVICIO

DEL MUNDO Y DE LA IGLESIA*

Queridos hijos y queridas hijas en el Señor:

1. Con mucho gusto hemos acogido la petición del consejo ejecutivo de la Conferencia Mundial de Institutos Seculares que, en su día, nos manifestó el deseo de tener este encuentro. En efecto, él nos ofrece la ocasión de mani­festaros, con nuestra estima, las esperanzas de la Iglesia en el testimonio par­ticular que los Institutos Seculares están llamados a dar en medio de los hom­bres de hoy.

2. No es necesario que nos detengamos a iluminar las características par­ticulares que definen vuestra vocación, ya que, en sus líneas fundamentales, que son "una vida consagrada totalmente siguiendo los consejos evangélicos, y una presencia y una acción destinadas, con toda responsabilidad, a transformar el mundo desde dentro", estas características pueden ya ser conside­radas como una adquisición cierta de vuestra conciencia institucional. Todo esto os lo hemos recordado con ocasión del 25 aniversario de la Constitución apostólica Provida Mater (cfr. discurso del 2 de febrero de 1972) .

3. Ahora, nuestro deseo es subrayar sobre todo el deber fundamental que deriva de la fisonomía que acabamos de evocar, es decir, el deber de ser fiel. Esta fidelidad, que no es inmovilismo, significa ante todo la atención al Espíritu Santo que hace nuevo todo el universo (cfr. Ap 21,5). Efectivamente, los Institutos Seculares son vivos en la medida en que participan de la historia del hombre y testimonian ante los hombres de hoy el amor paternal de Dios revelado por Jesucristo en el Espíritu Santo (cfr. Evangelii nuntiandi, 26) .

4. Si permanecen fieles a su propia vocación, los Institutos Seculares serán como "el laboratorio experimental" en el que la Iglesia verifica las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo. Por esta causa, los Institutos Seculares deben escuchar, como dirigido sobre todo a ellos, la llamada de la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi: "Su tarea primera… es el poner en practica todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas» (n.70) .

5. Esto no significa, evidentemente, que los Institutos Seculares, en cuan­to tales, deban encargarse de estas tareas. Normalmente esto corresponde a cada uno de sus miembros. El deber, por tanto, de los Institutos mismos es formar la conciencia de sus miembros en una madurez y en una apertura que les impulse a prepararse con un gran celo en la profesión elegida, con el fin de afrontar después, con competencia y con espíritu de desprendimiento evangélico, el peso y las alegrías de las responsabilidades sociales hacia las que la Providencia les oriente.

6. Esta fidelidad de los Institutos Seculares a su vocación especifica debe expresarse sobre todo en la fidelidad a la oración que es el fundamento de la so­lidez y de la fecundidad. Constituye por eso una gran alegría el que hayáis ele­gido como tema central de vuestra asamblea la oración, en cuanto que es "expresión de una consagración secular" y "fuente de apostolado y clave de la formación". Es decir, que vosotros estáis buscando una oración que sea expre­sión de vuestra situación concreta de personas "consagradas en el mundo".

7. Os exhortamos a proseguir esa búsqueda esforzándoos en obrar de tal manera, que vuestra experiencia pueda servir de ejemplo a todo el laicado. En efecto, para el que se ha consagrado en un Instituto Secular, la vida espi­ritual consiste en saber asumir la profesión, las relaciones sociales, el medio de vida, etc., como formas particulares de colaboración al advenimiento del reino de los cielos, y en saber imponerse tiempos de descanso para entrar en contacto más directo con Dios, para darle gracias y para pedirle perdón, luz, energía y caridad inagotable para con los demás.

8. Cada uno de vosotros se beneficia ciertamente de la ayuda de su Instituto, por las orientaciones espirituales que él le da, pero sobre todo por la comunión entre los que comparten el mismo ideal bajo la dirección de sus res­ponsables. Y, sabiendo que Dios nos ha dado su Palabra, el que está consagra­do se pondrá más regularmente a la escucha de la Sagrada Escritura, estudiada con amor y acogida con espíritu purificado y disponible, para buscar en ella, como también en la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, una interpretación exacta de su experiencia cotidiana que vive en el mundo. De modo especial, apoyándose en el hecho mismo de su consagración a Dios, él se sentirá com­prometido a secundar los esfuerzos del Concilio en favor de una participación cada día más íntima en la santa liturgia, consciente de que la vida litúrgica bien ordenada, bien integrada en las conciencias y en las costumbres de los fieles, contribuirá a mantener vigilante y permanente el sentido religioso en nuestra época, y a procurar a la Iglesia una nueva primavera de la vida espiritual.

9. La oración se convertirá entonces en la expresión de una realidad mis­teriosa y sublime, compartida por todos los cristianos, es decir, en la expre­sión de nuestra realidad de hijos de Dios. Ella será una expresión que el Espíritu Santo purifica y asume como oración suya propia, impulsándonos a gritar con El: "Abba, es decir, Padre" (cfr. Rm 8,14ss.; Ga 4,4ss.) .

10. Una tal oración, si llega a ser consciente en el contexto mismo de las actividades seculares, se convierte entonces en una expresión auténtica de la consagración secular.

11. Tales son los pensamientos queridos hijos e hijas, que hemos querido confiar a vuestra reflexión, a fin de ayudaros en vuestra búsqueda de una res­puesta cada día más fiel a la voluntad de Dios, que os llama a vivir en el mun­do, no para asumir su espíritu, sino para llevar a sus ambientes un testimonio susceptible de ayudar a vuestros hermanos a acoger la novedad del Espíritu en Cristo.

12. Con nuestra bendición apostólica.

 Roma,1976



* Los participantes a la Asamblea de Responsables Generales de Institutos Seculares tuvieron la gran alegría de ser recibidos en audiencia por el papa Pablo Vl el 25 de agosto de 1976. Reproducimos una traducción nuestra del texto oficial del discurso tal como fue publicado en L'Osservatore Romano en len­gua francesa.