PABLO
VI
A
LOS RESPONSABLES GENERALES
DE
LOS INSTITUTOS SECULARES*
Queridos
hijos e hijas en el Señor:
1.
Una vez más se nos ofrece la ocasión de encontrarnos con vosotros, dirigentes de los
Institutos Seculares, que sois y representáis una porción floreciente y frondosa de la
Iglesia en este momento de la historia. La circunstancia que os ha traído de nuevo a
nuestra presencia es, esta vez, el Congreso Internacional que habéis organizado y vais a
terminar ya aquí, en Nemi, cerca de nuestra residencia veraniega de Castelgandolfo;
durante el mismo, habéis examinado los estatutos de la futura "Conferencia Mundial de los Institutos
Seculares" (C.M.I.S.).
2.
No queremos ocuparnos ahora de vuestros trabajos, realizados, ciertamente, con
profundidad y ahínco bajo el vigilante desvelo y con la participación del sagrado
dicasterio competente; os diremos sólo que deseamos a dichos trabajos copiosos frutos de
cara al incremento de vuestras instituciones. Queremos, sin embargo, detenernos en
algunas reflexiones sobre lo que podría ser la función de los Institutos Seculares en el
misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia.
3.
Cuando os miramos, y pensamos en los miles y miles de hombres y mujeres, que componen los
Institutos Seculares, no podemos por menos de sentirnos consolado, al mismo tiempo que nos
invade hasta lo más íntimo un vivo sentimiento de gozo y de agradecimiento al Señor.
¡Qué pujante y floreciente aparece en vosotros la Iglesia de Cristo! Esta nuestra
venerable Madre, a la que hoy algunos, también entre sus hijos, hacen blanco de
críticas ásperas y despiadadas hasta el punto de que alguno se goza describiendo
extravagantes síntomas de decrepitud y prediciendo su ruina! ¡Hela aquí, en cambio,
convertirse en un brote ininterrumpido de gemas nuevas, en un florecimiento insospechado
de iniciativas de santidad!
4.
Nosotros sabemos que debe ser así, y no podría ser de otro modo distinto, porque
Cristo es la divina fuente inagotable de la vitalidad de la Iglesia; vuestra presencia
nos ofrece un ulterior testimonio de ello y resulta para todos nosotros ocasión para
tomar nuevamente conciencia de las cosas.
5.
Pero queremos mirar más de cerca vuestro rostro, en el ámbito de la familia del pueblo
de Dios. También vosotros reflejáis un "un modo propio" con que se puede
revivir el misterio de Cristo en el mundo, y un "modo propio" en que puede
manifestarse el misterio de la Iglesia.
6.
Cristo redentor es una plenitud tal que no podremos comprender jamás, ni expresar por
completo. Él lo es todo para su Iglesia, y en ella, lo que somos, lo somos precisamente
por Él, con Él y en Él. También para los Institutos Seculares es, pues, El modelo último, el inspirador, la fuente donde
beber.
9.
Os halláis en una misteriosa confluencia entre dos poderosas corrientes de la vida
cristiana, recogiendo riquezas de una y de otra. Sois laicos, consagrados como tales por
los sacramentos del bautismo y de la confirmación, pero habéis escogido el acentuar
vuestra consagración a Dios con la profesión de los consejos evangélicos aceptados
como obligaciones con un vínculo estable y reconocido. Permanecéis laicos, empeñados en
el área de los valores seculares propios y peculiares del laicado (Lumen gentium, 31), pero la vuestra es una
"secularidad consagrada" (Pablo VI, Discurso a los dirigentes y miembros de los
Institutos Seculares en el 25 aniversario de la Provida
Mater, L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española,13 de febrero de
1972), vosotros sois "consagrados seculares" (Pablo VI, Discurso a los
participantes en el Congreso Internacional de los Institutos Seculares, 26 de septiembre
de 1970, Pablo VI, Enseñanzas al Pueblo de Dios, 1970, p.372) .
10.
A pesar de ser "secular", vuestra posición difiere en cierto modo de la
posición de los simples laicos en cuanto estáis empeñados en la zona de los valores del
mundo, pero como consagrados: es decir, no tanto para afirmarla intrínseca validez de las
cosas humanas en sí mismas, cuanto para orientarlas explícitamente en conformidad con
las bienaventuranzas evangélicas; por otra parte, no sois religiosos, pero vuestra
opción concuerda, en cierto modo, con la de los religiosos, porque la consagración que
habéis hecho os sitúa en el mundo como testigos de la supremacía de los valores
espirituales y escatológicos, o, lo que es igual, del carácter absoluto de vuestra
caridad cristiana, la cual, cuanto mayor es, más hace aparecer relativos los valores del
mundo, mientras que al mismo tiempo ayuda a su recta actuación por parte vuestra y de los
otros hermanos.
11.
Ninguno de los dos aspectos de vuestra fisionomía espiritual puede ser supervalorado a
costa del otro. Ambos son "coesenciales".
12.
"Secularidad" indica vuestra inserción en el mundo. Significa no sólo una
posición, una función que coincide con el vivir en el mundo ejerciendo un oficio, una
profesión "secular". Debe significar, ante todo, toma de conciencia de estar en
el mundo como "lugar proprio vuestro de responsabilidad cristiana". Estar en el
mundo, es decir, comprometidos con los valores seculares, es vuestro modo de ser Iglesia
y de hacerla presente, de salvaros y de anunciar la salvación. Vuestra condición
existencial y sociológica deviene vuestra realidad teológica y vuestro camino para
realizar y atestiguar la salvación. De esta manera sois un ala avanzada de la Iglesia
"en el mundo"; expresáis la voluntad de la Iglesia de estar en el mundo para
plasmarlo y santificarlo "como desde el interior, a guisa de fermento" (Lumen gentium, 31), quehacer, también éste,
confiado principalmente al laicado. Sois una manifestación muy concreta y eficaz de
aquello que la Iglesia quiere hacer para construir el mundo descrito y presagiado por la Gaudium et spes.
13.
"Consagración" indica, en cambio, la íntima y secreta estructura portadora de
vuestro ser y de vuestro obrar. Aquí está vuestra riqueza profunda y escondida que los
hombres, en medio de los cuales vivís, no saben explicarse, y, a menudo, no pueden ni
siquiera sospechar.
14.
La consagración bautismal ha sido ulteriormente radicalizada como consecuencia de una
crecida exigencia de amor suscitada en vosotros por el Espíritu Santo; no es la misma
forma de consagración propia de los religiosos, pero, ciertamente, es de tal índole
que os empuja a una opción fundamental por una vida según las bienaventuranzas
evangélicas. De modo que estáis realmente consagrados y realmente en el mundo.
"Estáis en el mundo y no sois del mundo, pero si sois para el mundo", como os
hemos explicado en otra ocasión (Pablo VI, Discurso a los participantes en el Congreso de
Institutos Seculares, 26 de septiembre de 1970, Pablo
VI, Enseñanzas al Pueblo de Dios, p. 371).
15.
Vivir una verdadera y propia consagración según los consejos evangélicos, pero sin la
plenitud de "viabilidad" propia de la consagración religiosa. Esta
visibilidad, la constituyen, además de los votos públicos, una vida comunitaria más
estrecha y el "signo" del hábito religioso. La vuestra es una forma de
consagración nueva y original, sugerida por el Espíritu Santo para ser vivida en medio
de las realidades temporales y para inocular la fuerza de los consejos evangélicos los
valores divinos y eternos - en medio de los valores humanos y temporales.
16.
Vuestras opciones de pobreza, castidad y obediencia son modos de participar en la cruz de
Cristo, porque a Él os asocian en la privación de bienes, por otro lado verdaderamente
lícitos y legítimos; pero son también modos de participación en la victoria de
Cristo resucitado, en cuanto os liberan de la fácil ventaja que dichos valores podrían
tener sobre la plena disponibilidad de vuestro espíritu. Vuestra pobreza dice al mundo
que se puede vivir en medio de los bienes temporales y se pueden usar los medios de la
civilización y del progreso sin convertirse en esclavo de ninguno de ellos; vuestra
castidad dice al mundo que se puede amar con el desinterés y la hondura ilimitada
propios del Corazón de Dios y que se puede uno dedicar gozosamente a todos sin ligarse a
nadie, cuidando sobre todo a los más abandonados; vuestra obediencia dice al mundo que se
puede ser feliz sin pararse en una cómoda opción personal, pero quedando disponible del
todo a la voluntad de Dios, tal como se manifiesta en la vida cotidiana, a través de los
signos de los tiempos y de las exigencias del mundo actual.
17.
Así, también vuestra actividad en el mundo -sea personal, sea colectiva, en los
sectores profesionales en que estáis individual o colectivamente comprometidos - recibe
de la vida consagrada una orientación más relevante hacia Dios, quedando también la
misma actividad como arrollada y transportada dentro de vuestra misma consagración. Y con
esta singular y providencial configuración enriquecéis la Iglesia de hoy con una
ejemplaridad particular en el sector de su vida "secular, viviéndola como
consagrados, y de una ejemplaridad particular en el sector de su "vida
consagrada", viviéndola como seculares.
18.
En este momento quisiéramos detenernos en un aspecto especial de fecundidad de vuestras
instituciones. Queremos aludir al nutrido grupo de aquellos que, consagrados a Cristo en
el sacerdocio ministerial y deseando unirse a Él con ulterior vínculo de donación,
abrazan la profesión de los consejos evangélicos, confluyendo, a su vez, en los
Institutos Seculares.
19.
Pensamos en estos hermanos nuestros en el sacerdocio de Cristo, y queremos animarlos, al
mismo tiempo que admiramos en ellos, una vez más, la acción del Espíritu, incansable en
suscitar el anhelo de siempre mayor perfección. Cuanto se ha dicho hasta aquí, vale
ciertamente para ellos, pero sería necesario profundizar y precisar más las cosas.
20.
Los sacerdotes de los Institutos Seculares, en efecto, llegan a la consagración
mediante los consejos evangélicos y al compromiso con los valores
"seculares", no ya como laicos, sino como clérigos, es decir, como portadores
de una mediación sagrada en el pueblo de Dios. Además del bautismo y de la
confirmación, que constituyen la consagración base del laicado en la Iglesia, han
recibido, después, otra especificación sacramental en el orden sagrado que los ha
constituido titulares de determinadas funciones ministeriales en relación con la
Eucaristía y el Cuerpo místico de Cristo. Esto ha dejado intacta la índole
"secular" de la vocación cristiana, y pueden, por tanto, enriquecerla
viviéndola como "consagrados" en los Institutos Seculares; sin embargo, son
muy diversas las exigencias de su espiritualidad, no menos que ciertas implicaciones
exteriores en su práctica de los consejos evangélicos y en su compromiso secular.
21.
Queremos terminar ya, dirigiendo a todos una apremiante y paternal invitación: la de
cultivar e incrementar, la de estimar, siempre y sobre todo, la comunión eclesial. Sois
articulaciones vitales de esta comunión, porque también vosotros sois Iglesia; por
favor, no atentéis nunca contra su eficiencia. No se podría concebir ni comprender un
fenómeno eclesial al margen de la Iglesia. No os dejéis sorprender nunca, ni siquiera
rozar por la tentación, hoy demasiado fácil, de que es posible una auténtica comunión
con Cristo sin una real armonía con la comunidad eclesial regida por los legítimos
pastores. Sería un engaño, una ilusión. ¿Qué podría contar un individuo o un
grupo, pese a intenciones subjetivamente más altas y perfectas, sin esta comunión?
Cristo nos la ha pedido como garantía para admitirnos a la comunión con Él, del mismo
modo que nos ha pedido amar al prójimo, como prueba de nuestro amor a Él.
22.
Vosotros sois, pues, de Cristo, y por Cristo estáis en su Iglesia; Iglesia es vuestra
comunidad local, vuestro instituto, vuestra parroquia, pero siempre en la comunión de
fe, de Eucaristía, de disciplina, y de fiel y leal colaboración con vuestro obispo y
con la jerarquía. Vuestras estructuras y vuestras actividades no deberán conduciros
nunca -tanto si sois sacerdotes, como si sois laicos - a una "bipolaridad" de
posiciones, ni a un alibi de postura interior
y exterior, ni mucho menos a posiciones antitéticas con vuestros pastores.
23.
A esto os invitamos: esto os deseamos a fin de que podáis ser en medio del mundo
agentes auténticos de la única misión salvífica de la Iglesia, de la manera que os es
propia, a la cual fuisteis llamados e invitados.
24.
Que así os ayude el Señor a prosperar y dar más frutos, con nuestra bendición
apostólica.
Castelgandolfo,
20 de septiembre de 1972
* El texto origina1
es en ita1iano.