PABLO VI
EN
EL XXV ANIVERSARIO DE LA
"PROVIDA
MATER ECCLESIA"*
1.
En este día dedicado a la conmemoración litúrgica de la Presentación de Jesús en el
templo, nos encontramos a gusto con vosotros para recordar juntos el XXV aniversario de la
promulgación de la Constitución Apostólica
"Provida Mater", que tuvo lugar precisamente el 2 de febrero de 1947 (cfr.
AAS XXXIX, pp. 114-124). Este documento constituyó un acontecimiento importantísimo para
la vida de la Iglesia de hoy, porque nuestro predecesor Pío XII, de venerada memoria,
acogía con él, sancionaba y aprobaba los Institutos Seculares, precisando su fisonomía
espiritual y jurídica. Fecha grata para vosotros, fecha significativa en la cual, a
imitación de Cristo que viniendo al mundo se ofreció al Padre para hacer su voluntad
(cfr. Salmo 39,9; Hb 10,9), también vosotros fuisteis presentados a Dios para brillar
delante de toda la Iglesia y para consagrar vuestras vidas a la gloria del Padre y a la
elevación del mundo.
2.
También nosotros estamos muy contentos por este encuentro, pues recordamos perfectamente
las circunstancias en que maduró el histórico documento, verdadera carta magna de los Institutos Seculares, los
cuales, preparados ya poco a poco con antelación por el Espíritu que suscita los
secretos impulsos en las almas, vieron en él su acogida oficial por parte de la suprema
autoridad -por obra especialmente del venerado Cardenal Larraona-, su partida de
nacimiento, y el principio de un nuevo y decidido camino hacia el futuro.
3.
Veinticinco años son un período de tiempo relativamente breve: pero han sido, en cambio,
años de particular intensidad, comparables a los de la juventud. Se ha verificado una
floración magnífica, como lo confirma vuestra presencia aquí, hoy, y la reunión de
los responsables generales de todos los Institutos Seculares proclamada para el próximo
septiembre en Roma. Deseamos, por tanto, dirigiros nuestra palabra de aliento, de
confianza, de exhortación a fin de que el aniversario que celebramos hoy sea de veras
fecundo en resultados para vosotros y para el entero pueblo de Dios.
En
la perspectiva del Vaticano II
4.
Los Institutos Seculares han de ser encuadrados en la perspectiva en que el Concilio
Vaticano II ha presentado la Iglesia, como una realidad viva, visible y espiritual al
mismo tiempo (cfr. Lumen gentium, 8), que vive y
se desarrolla en la historia (cfr. ibid. 3, 5,
6, 8), compuesta de muchos miembros y órganos diferentes, pero íntimamente unidos y
comunicándose entre sí (cfr. ibid. 7), partícipes
de la misma fe, de la misma vida, de la misma misión, de la misma responsabilidad de la
Iglesia, y, sin embargo, diferenciados por un don, por un carisma particular del
Espíritu vivificante (cfr. ibid. 7, 12), concedido
no sólo en beneficio personal, sino también de toda la comunidad. El aniversario de la "Provida Mater" que quiso expresar y
aprobar vuestro particular carisma, os invita, pues, según la indicación del Concilio al "retorno a las fuentes de toda la vida
cristiana y a la primitiva inspiración de los Institutos" (Perfectae caritatis, 2), a comprobar vuestra
fidelidad al carisma originario y propio de cada uno.
5.
Si nos preguntamos cuál ha sido el alma de cada Instituto Secular que ha inspirado su
nacimiento y su desarrollo, debemos responder: el anhelo profundo de una síntesis; el
deseo ardiente de la afirmación simultánea de dos características: 1) la total
consagración de la vida según los consejos evangélicos, y 2) la plena responsabilidad de una presencia y de
una acción transformadora desde dentro del mundo para plasmarlo, perfeccionarlo y
santificarlo. Por un lado, la profesión de los consejos evangélicos -forma especial de
vida que sirve para alimentar y testimoniar aquella santidad a que todos los fieles están
llamados -, es signo de la perfecta identificación con la Iglesia, mejor, con su Señor y
Maestro y con la finalidad que Él le ha confiado. Por otro lado, permanecer en el mundo
es señal de la responsabilidad cristiana del hombre salvado por Cristo, y, por tanto,
empeñado en "iluminar y ordenar todas
las realidades temporales
, a fin de que se realicen y prosperen según el espíritu
de Cristo, y sean para alabanza del Creador y Redentor" (Lumen gentium,31).
6.
En este marco, no puede menos de verse la profunda y providencial coincidencia entre el
carisma de los Institutos Seculares y una de las líneas más importantes y más claras
del Concilio: la presencia de la Iglesia en el mundo... Efectivamente, la Iglesia ha
acentuado vigorosamente los diferentes aspectos de sus relaciones con el mundo: ha
recalcado que forma parte del mundo, que está destinada a servirlo, que debe ser su alma
y su fermento, porque está llamada a santificarlo, a consagrarlo y a reflejar en él
los valores supremos de la justicia, del amor y de la Paz.
7.
La Iglesia tiene conciencia del hecho de que Ella existe en el mundo, "que camina
junto con toda la humanidad y experimenta junto con el mundo la misma suerte terrena, y
viene a ser como el fermento y casi el alma de la sociedad humana" (Gaudium et spes, 40); Ella, por tanto, posee una
auténtica dimensión secular, inherente a su naturaleza íntima y a su misión, cuya
raíz se hinca en el misterio del Verbo encarnado, y que se ha realizado de modos
distintos en sus miembros -sacerdotes y laicos- según el carisma propio de cada uno.
8.
El magisterio pontificio no se ha cansado de hacer un llamamiento a los cristianos,
especialmente en los últimos años, a que asuman eficaz y lealmente las propias
responsabilidades ante el mundo.
9.
Esto es tanto más necesario hoy, cuando la humanidad se encuentra en una encrucijada de
su historia. Está surgiendo un mundo nuevo; los hombres andan a la búsqueda de nuevas
formas de pensamiento y de acción que determinarán su vida en los siglos venideros. El
mundo cree que se basta a sí mismo, que no necesita ni la gracia divina, ni la Iglesia
para construirse y para expandirse; se ha formado un trágico divorcio entre la fe y la
vida, entre progreso técnico-científico y crecimiento de la fe en Dios vivo. No sin
razón se afirma que el problema más grave del desarrollo presente es el de la
relación entre orden natural y orden sobrenatural La Iglesia del Vaticano II ha escuchado
esta "vox temporis" y ha respondido con la clara conciencia de su misión ante
el mundo y la sociedad; sabe que es "sacramento universal de salvación", sabe
que no puede haber plenitud humana sin la gracia, es decir, sin el Verbo de Dios que
"es el fin de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del
corazon humano y plenitud total de sus aspiraciones" (Gaudium et spes, 45).
10.
En un momento como éste, los Institutos Seculares, en virtud del propio carisma de
secularidad consagrada (cfr. Perfectae caritatis, 11),
aparecen como instrumentos providenciales para encarnar este espíritu y transmitirlo a
la Iglesia entera. Si los Institutos Seculares, ya antes del Concilio anticiparon
existencialmente, en cierto sentido, este aspecto, con mayor razón deben hoy ser testigos
especiales, típicos de la postura y de la misión de la Iglesia en el mundo.
Los
consejos evangélicos
11.
Para el "aggiornamento" de la Iglesia no bastan hoy directrices claras o
abundancia de documentos; hacen falta personalidades y comunidades, responsablemente
conscientes de encarnar y transmitir el espíritu que el Concilio quería. A vosotros se
os confía esta estupenda misión: ser modelo de arrojo incansable en las nuevas
relaciones que la Iglesia trata de encarnar con el mundo y al servicio del mismo.
12.
¿De qué modo? Con la doble realidad de vuestra configuración. Antes de nada, vuestra vida consagrada; según el espíritu de los
consejos evangélicos, es expresión de vuestra indivisa pertenencia a Cristo y a la
Iglesia, de la tensión permanente y radical hacia la santidad, y de la conciencia de que,
en último análisis, es sólo Cristo quien con su gracia realiza la obra de redención
y de transformación del mundo. Es en lo íntimo de vuestros corazones donde el mundo es
consagrado a Dios (cfr. Lumen gentium, 34). Vuestra
vida garantiza, así, que la intensa y directa relación con el mundo no se convierta en
mundanidad o naturalismo, sino que sea expresión del amor y de la misión de Cristo.
Vuestra consagración es la raíz de la esperanza que os debe sostener siempre; sin que
los frutos exteriores escaseen o falten del todo. Vuestra vida es fecunda para el mundo,
más que por las obras externas, sobre todo por el amor a Cristo que os ha impulsado al
don total de vosotros mismos: don del que da testimonio en las circunstancias ordinarias
de la vida.
13.
Con esta luz, los consejos evangélicos - aun siendo comunes a otras formas de vida
consagrada - adquieren un significado nuevo, de especial actualidad en el tiempo
presente: la castidad se convierte en
ejercicio y en ejemplo vivo de dominio de sí mismo y de la vida en el espíritu,
orientada a las realidades celestiales, en un mundo que se repliega sobre sí mismo y deja
a rienda suelta los propios instintos; la pobreza se
hace modelo de la relación que se debe tener con los bienes creados y con su recto uso,
mediante una actitud que es válida tanto en los países desarrollados donde el ansia de
poseer amenaza seriamente los valores evangélicos, como en los países menos dotados en
que vuestra pobreza es signo de solidaridad y de presencia con los hermanos que sufren;
la obediencia se convierte en testimonio de la
humilde aceptación de la mediación de la Iglesia y, más en general, de la sabiduría de
Dios que gobierna el mundo a través de las causas segundas; y en este momento de crisis
de autoridad, vuestra obediencia se transforma en testimonio de lo que es el orden
cristiano del universo.
La
"secularidad"
14.
En segundo lugar, vuestra secularidad os impulsa a acentuar de modo especial - a
diferencia de los religiosos - la relación con el mundo. No sólo representa una
condición sociológica, un hecho externo, sino también una actitud: estar en el mundo,
saberse responsables para servirlo, para configurarlo según el designio divino en un
orden más justo y más humano con el fin de santificarlo desde dentro. La primera actitud
que ha de adoptarse frente al mundo es la de respeto a su legítima autonomía, a sus
valores y a sus leyes (cfr. Gaudium et spes, 36)
. Tal autonomía, como sabemos, no significa independencia absoluta de Dios, creador y fin
último del universo. Tomar en serio el orden natural, trabajando por su
perfeccionamiento y por su santificación, a fin de que sus exigencias se integren en la
espiritualidad, en la pedagogía, en la ascética, en la estructura, en las formas
externas y en las actividades de vuestros institutos, es una de las dimensiones
importantes de esta especial característica de vuestra secularidad.
15.
De este modo, será posible, como lo requiere el Primo
Feliciter, que "vuestro carácter proprio y peculiar, el secular, se refleje en
todas las cosas "(II).
16.
Siendo variadísimas las necesidades del mundo y las posibilidades de acción en el mundo
y con los instrumentos del mundo es natural que surjan diversas formas de actuación de
este ideal, individuales y asociadas, ocultas y públicas, de acuerdo con las indicaciones
del Concilio (cfr. Apostolicam actuositatem, nn.
15-22). Todas estas formas son igualmente posibles para los Institutos Seculares y para
sus miembros. La pluralidad de vuestras formas de vida (cfr. Voto sobre el pluralismo, Congreso mundial de los
Institutos Seculares, Roma 1970) os permite constituir diversos tipos de comunidad, y de
dar vida a vuestro ideal en diferentes ambientes con distintos medios, incluso allí
donde se puede dar testimonio de la Iglesia únicamente de forma individual, ocultamente
y en silencio.
17.
Una palabra ahora para los sacerdotes que se asocian en Institutos Seculares. El hecho
está expresamente previsto por la doctrina de la Iglesia, a partir del Motu proprio Primo feliciter y del decreto conciliar Perfectae caritatis.
De por sí, en cuanto tal, el sacerdote tiene también él, lo mismo que el laico
cristiano, una relación esencial con el mundo, que debe realizar ejemplarmente en la
propia vida para responder a la propia vocación, en virtud de la cual es enviado al
mundo como Cristo lo fue por el Padre (cfr. Jn 20, 21). Pero, en cuanto sacerdote, asume
una responsabilidad específicamente sacerdotal en orden a la justa conformación del
orden temporal. A diferencia del laico -salvo en casos excepcionales como ha previsto un
voto del reciente Sínodo Episcopal - el sacerdote no ejerce esta responsabilidad con una
acción directa e inmediata en el orden temporal, sino con su acción ministerial y
mediante su papel de educador en la fe (cfr. Presbyterorum
Ordinis, 6) y es el medio más elevado para contribuir de continuo a la perfección
del mundo conforme al orden y al significado de la creación.
18.
El sacerdote que se asocia a un Instituto Secular, precisamente en cuanto secular,
permanece ligado en íntima unión de obediencia y de colaboración con el obispo; y,
junto con los miembros del presbiterio, ayuda a los hermanos en la gran misión de ser "cooperadores de la verdad", cuidando
los "particulares vínculos de caridad apostólica, de ministerio y fraternidad"
(Presbyterorum Ordinis, 8) que deben distinguir
a tal organismo diocesano.
19.
Por razón de su pertenencia a un Instituto Secular, el sacerdote halla, además, una
ayuda para cultivar los consejos evangélicos. Sabemos muy bien que esta pertenencia de
sacerdotes a Institutos Seculares es un problema sentido, hondo, que debe resolverse con
pleno respeto al "sensus Ecclesiae". Sabemos que, por lo que hace a este
problema, vosotros estáis a la búsqueda de soluciones adecuadas; y estimulamos tal
esfuerzo que ha de considerarse válido en un sector sumamente delicado.
20.
Efectivamente, existe un problema que se plantea en términos de tres exigencias, todas
ellas importantísimas: está la exigencia representada por la "secularidad" del
sacerdote miembro de un Instituto Secular; la exigencia, por otro lado, de que tal
sacerdote mantenga un íntimo contacto con el propio instituto del cual espera un alimento
espiritual, un recobro de las fuerzas y un sostén para la propia vida interior; por
último, la exigencia de mantenerse en estrecha dependencia del obispo diocesano,
21.
Sabemos, como ya hemos dicho, que estáis realizando estudios a este respecto con el fin
de conciliar esas exigencias aparentemente en contraste. Investigad libremente en esa
línea poniendo al servicio de tal profundización los talentos de vuestra preparación,
de vuestra sensibilidad, de vuestra experiencia. Nos permitimos, tan sólo, llamar vuestra
atención sobre los siguientes puntos que nos parecen dignos de especial
consideración:
22.
a) Cualquier solución que se adopte, no debe mellar en lo más mínimo la autoridad del
obispo, quien por derecho divino es el único y directo responsable de la grey, de la
porción de la Iglesia de Dios (cfr. Hch 20, 28).
23.
b) En vuestro estudio del tema, tened
presente, además, una realidad: que el hombre es una unidad personal, sicológica,
activa. Sólo conceptualmente se distinguen en él la dimensión espiritual y la
pastoral.
Ser
fermento y alma del mundo
26.
La Iglesia necesita vuestro testimonio. La humanidad aguarda que la Iglesia encarne cada
vez más esta nueva actitud de cara al mundo que en vosotros, gracias a vuestra
secularidad consagrada, debe brillar de modo singularísimo.
27.
A ello os alienta nuestra bendición apostólica que de corazón impartimos a vosotros,
aquí presentes y a todos los miembros de los queridos y beneméritos Institutos
Seculares.
Roma,
2 de febrero de 1972
* El texto original es en italiano.