JUAN
PABLO II
"CAMBIAR
EL MUNDO DESDE DENTRO"*
SECULARIDAD
Y CONSAGRACION
1."A
vosotros la gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo".
Estas palabras tan frecuentes en el apóstol san Pablo (cfr. Rm 1, 7; 1 Co 1, 3; 2 Co 1-2,
etc.), me vienen espontáneamente a los labios para daros la bienvenida y expresaros mi
agradecimiento por la visita que me hacéis con ocasión de vuestro Congreso, que ha
reunido a representantes de Institutos Seculares del mundo entero.
Este encuentro me proporciona un gozo profundo. Pues vuestro estado de vida
consagrada constituye un don particular que el Espíritu Santo ha hecho a nuestro tiempo
para ayudarle, como dijeron mis hermanos latino-americanos reunidos en Puebla, (cfr. Documento
final de la Asamblea de Puebla, n.775). En efecto, os encontráis en el centro, por
así decir, del conflicto que desasosiega y desgarra el alma moderna, y por ello podéis
dar "un precioso aporte pastoral para el futuro y ayudar a abrir caminos nuevos de
general validez para el Pueblo de Dios" (ibid.).
Tengo gran
interés, por tanto, en vuestro Congreso, y pido al Señor os dé su luz y su gracia para
que los trabajos de vuestra asamblea os lleven a analizar con lucidez las posibilidades
y riesgos que comporta vuestra manera de vivir, y a tomar después decisiones que
garanticen futuros desarrollos de vuestra opción de vida, de la que espera mucho la
Iglesia hoy.
Tarea
apostólica
2.
Al elegir el tema del Congreso: "La evangelización y los Institutos Seculares a la
luz de la Exhortación Apostólica Evangelii
nuntiandi" habéis seguido una sugerencia contenida en una alocución de mi
venerado predecesor, el Papa Pablo VI, a quien profesáis gratitud por la atención que
os dedicó siempre y por la eficacia con que llegó a conseguir que se acogiera en la
Iglesia la consagración en la vida secular. Dirigiéndose el 25 de agosto de 1976 a los
Responsables Generales de vuestros institutos, hizo notar: "Si permanecen fieles a su
propia vocación, los Institutos Seculares serán como 'el laboratorio experimental' en el
que la Iglesia verifique las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo.
Precisamente por esto deben escuchar, como dirigida sobre todo a ellos, la llamada de la
Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi: Su tarea primera ... es la de poner en práctica
todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y
activas, en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora es el
mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la
cultura, las ciencias y las artes, la vida internacional, los medios de comunicación de
masas» (n.70; cfr. L'Osservatore Romano, edición
en lengua española, 5 de septiembre de 1976, p.1) .
En estas palabras, el acento puesto en la realidad eclesial de los Institutos
Seculares en su ser y en su actuación, no habrá pasado desapercibido a nadie,
ciertamente. También está desarrollado en otros discursos. Hay aquí un elemento que
deseo subrayar. Pues, ¿cómo no darse cuenta de la importancia de que vuestra experiencia
de vida, caracterizada y unificada por la consagración, el apostolado y la vida secular,
se desenvuelven en auténtica comunión con los Pastores de la Iglesia y participando en
la misión evangelizadora de todo el Pueblo de Dios a través, claro está, de un sano
pluralismo?
Por
otra parte, esto no daña a lo que caracteriza esencialmente el modo de consagración a
Cristo propio de vosotros. Mi predecesor lo puntualizaba en la alocución citada, y en
aquella ocasión recordaba una distinción de gran importancia metodológica. "Esto
no significa, evidentemente, que los Institutos Seculares, en cuanto tales, deban
encargarse de estas tareas. El deber, por tanto, de los Institutos mismos es formar la
conciencia de sus miembros con una madurez y apertura que les impulse a prepararse con
celo para la profesión elegida, con el fin de afrontar después con competencia y
espíritu de desprendimiento evangélico, el peso y las alegrías de las
responsabilidades sociales hacia las que les oriente la Providencia» (cfr. ibid. p. 4) .
Sacerdotes
y laicos
3.
De acuerdo con estas indicaciones del Papa Pablo VI, vuestros Institutos han
profundizado de distintos modos en el tema de la evangelización estos últimos años, a
nivel nacional y continental. Vuestro Congreso actual quiere concretar los resultados y
evaluarlos, a fin de orientar cada vez mejor los esfuerzos de cada uno en concordancia con
la vida de la Iglesia, que procura por todos los medios "tratar de llevar al hombre
moderno el mensaje cristiano, el único en el que puede hallar la respuesta a sus
interrogantes y la fuerza para su empeño de solidaridad humana" (Evangelii nuntiandi, 3).
Me
complazco en constatar el buen trabajo realizado, y exhorto a todos los miembros,
sacerdotes y laicos, a perseverar en el esfuerzo por comprender cada vez mejor las
realidades y valores temporales en relación con la evangelización en sí; el sacerdote, para estar cada vez más atento a la
situación de los laicos y poder aportar al presbiterio diocesano no sólo una experiencia
de vida según los consejos evangélicos y con ayuda comunitaria, sino también una
sensibilidad justa de la relación de la Iglesia con el mundo; el laico, para asumir el papel particular que
corresponde a quien está consagrado al servicio de la evangelización en la vida seglar.
Que a los laicos toca una obligación específica en este campo, he tenido
ocasión de subrayarlo en distintos momentos, en correspondencia exacta con las
indicaciones dadas por el Concilio. "Como pueblo santo de Dios - dije por ejemplo en
Limerick en mi peregrinación a Irlanda -, estáis llamados a desempeñar vuestro papel en
la evangelización del mundo. Sí, los laicos son llamados a ser también 'sal de la
tierra' y 'luz del mundo'. Su específica vocación y misión consisten en manifestar el
Evangelio en su vida y, por tanto, en introducir el Evangelio como una levadura en la
realidad del mundo en que viven y trabajan. Las grandes fuerzas que configuran el mundo
(política, mass-media, ciencia, tecnología,
cultura, educación, industria y trabajo) constituyen precisamente las áreas en las que
los seglares son especialmente competentes para ejercer su misión. Si estas fuerzas
están conducidas por personas que son verdaderos discípulos de Cristo y, al mismo
tiempo, plenamente competentes en el conocimiento y la ciencia seculares, entonces el
mundo será ciertamente transformado desde dentro mediante el poder redentor de Cristo»
(Homilía pronunciada en Limerick el 1 de octubre de 1979; L'Osservatore Romano, edición en lengua
española,14 de octubre de 1979, p.6) .
Discípulos
de Cristo que trabajan
por
cambiar el mundo desde dentro
4.
Recordando ahora este discurso y ahondando en él, siento urgencia de atraeros la
atención hacia tres condiciones de importancia fundamental para la eficiencia de vuestra
misión:
a)
Ante todo debéis ser verdaderos discípulos de Cristo. Como miembros de un Instituto
Secular, queréis ser tales por el radicalismo de vuestro compromiso a seguir los
consejos evangélicos de tal modo que no sólo no cambie vuestra condición ¡sois y os
mantenéis laicos!, sino que la refuerce en el sentido de que vuestro estado secular esté consagrado y sea más
exigente, y que el compromiso en el mundo y por el mundo, implicado en este estado
secular, sea permanente y fiel.
Daos bien cuenta de lo que ello significa. La consagración especial que lleva a
plenitud la consagración del bautismo y la confirmación, debe impregnar toda vuestra
vida y actividades diarias, creando en vosotros una disponibilidad total a la voluntad
del Padre que os ha colocado en el mundo y para el mundo. De esta manera la consagración
vendrá a ser como el elemento de discernimiento del estado secular, y no correréis
peligro de aceptar este estado como tal simplemente, con fácil optimismo, sino que lo
asumiréis teniendo conciencia de la ambigüedad permanente que lo acompaña, y
lógicamente os sentiréis comprometidos a discernir los elementos positivos y los que
son negativos, a fin de privilegiar unos por el ejercicio precisamente del discernimiento,
y eliminar los otros gradualmente.
b)
La segunda condición consiste en que a nivel de saber y experiencia seáis verdaderamente
competentes en vuestro campo específico, para
ejercer con vuestra presencia el apostolado del testimonio y compromiso con los otros que
vuestra consagración y vida en la Iglesia os imponen. En efecto, sólo gracias a esta
competencia podréis poner en práctica la recomendación de1 Concilio a los miembros de
los Institutos Seculares: "Tiendan los miembros principalmente a la total dedicación
de sí mismos a Dios por la caridad perfecta, y mantengan los Institutos su carácter
propio y peculiar, es decir, Secular, a fin de cumplir eficazmente y dondequiera el
apostolado en el mundo y como desde el mundo, para el que nacieron» (Perfectae caritatis, 11) .
c)
La tercera condición sobre la que quiero invitaros a reflexionar, la forma la
resolución que os es propia, o sea, cambiar el mundo desde dentro. Pues estáis
insertados del todo en el mundo y no sólo por vuestra condición sociológica; esta
inserción se espera de vosotros como actitud interior sobre todo. Por tanto, debéis
consideraros "parte" del mundo, comprometidos a santificarlo con la aceptación
plena de sus exigencias, derivadas de la autonomía legítima de las realidades del
mundo, de sus valores y leyes.
Esto quiere decir que debéis tomar en serio el orden natural y su "densidad
ontológica", tratando de leer en él el designio querido por Dios, y ofreciendo
vuestra colaboración para que se actualice gradualmente en la historia. La fe os da luces
sobre el destino superior a que está abierta esta historia gracias a la iniciativa
salvadora de Cristo; pero no encontráis en la revelación divina respuestas ya
preparadas para los numerosos interrogantes que os plantea el compromiso concreto. Es
deber vuestro descubrir a la luz de la fe, las soluciones adecuadas a los problemas
prácticos que surgen poco a poco y que con frecuencia no podréis obtener si no es
arriesgándoos a soluciones sólo probables.
Hay un compromiso, por tanto, a promover las realidades de orden natural, y hay un
compromiso a hacer intervenir los valores de la fe, los cuales deben unirse e integrarse
armónicamente en vuestra vida, a la vez que constituyen su orientación de fondo y su
aspiración constante. De este modo llegaréis a contribuir a cambiar el mundo
"desde dentro", siendo fermento vivificante y obedeciendo a la consigna que se
os dio en el "Motu proprio" Primo
feliciter: ser "fermento modesto y, a la vez, eficaz que actuando en todos los
sitios siempre y mezclado a toda clase de ciudadanos, desde los más humildes a los más
elevados, trate de llegar a ellas e impregnarlas a todas y cada una con su ejemplo y con
toda clase de medios, hasta penetrar en toda la masa de modo que ésta sea elevada y
transformada en Cristo» (Introducción) .
Servicio
a la comunidad eclesial
5.
El poner en evidencia la aportación específica de vuestro estilo de vida no debe inducir
a infravalorar las otras formas de consagración a la causa del Reino, a las que también
podéis estar llamadas. Quiero referirme aquí a lo que se dice en el n.73 de la
Exhortación Evangelii nuntiandi cuando
recuerda que "los seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados a
colaborar con sus Pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y
la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según la gracia y los carismas que
el Señor quiera concederles».
No es nuevo, por cierto, este aspecto sino que corresponde por el contrario en la
Iglesia a antiguas tradiciones; y concierne a un cierto número de miembros de Institutos
Seculares y, principalmente mas no exclusivamente, a los que viven en comunidades de
América Latina y otros países del tercer mundo.
Testimonio
y anuncio evangélico
de
cara
al
año 2000
6.
Queridos hijos e hijas: Como veis, vuestro campo de acción es muy vasto. La Iglesia
espera mucho de vosotros. Necesita vuestro testimonio para comunicar al mundo,
hambriento de la Palabra de Dios aun en los casos en que no tiene conciencia de ello, el
"anuncio gozoso" de que toda aspiración auténticamente humana puede
encontrar cumplimiento en Cristo. Sabed estar a la altura de las grandes posibilidades que
os ofrece la Providencia divina en este final del segundo milenio del cristianismo.
Por mi parte renuevo mi oración al Señor por la intercesión maternal de la
Virgen María, para que os conceda en abundancia sus dones de luz, sabiduría y
resolución en la búsqueda de los caminos mejores para ser entre los hermanos y hermanas
que están en el mundo, testimonio viviente de Cristo e interpelación discreta y a la vez
convincente para que acojan su novedad en la vida personal y en las estructuras sociales.
Que la caridad
del Señor guíe vuestras reflexiones y deliberaciones durante este Congreso. Así
podréis caminar con confianza. Os animo dándoos mi bendición apostólica a vosotros y a
cuantos y cuantas representáis hoy.
Roma, 198
* El jueves, 28 de agosto de 1980, el Papa Juan Pablo II recibió en audiencia especial, en Castelgandolfo, a los 350 participantes en el Congreso de los Institutos Seculares que se celebró en Roma del 25 al 29 de agosto. Les dirigió el siguiente discurso.