JUAN PABLO II
LLEVAD LA
NOVEDAD DEL EVANGELIO
Ante todo, Su
Santidad manifiesta su agrado por la elección del tema: "Los Institutos Seculares y
la evangelización hoy", que se enmarca oportunamente en el amplio empeño de la
Iglesia en favor de la promoción de la nueva evangelización. Se trata de un proceso de
gracia, que alcanza su cumbre en la conversión del corazón, siempre necesaria, entendida
como retorno a Dios, Padre providencial y misericordioso, y como disponibilidad hacia los
hermanos, que esperan comprensión, amor y anuncio solidario de la Palabra revelada.
La misión
evangelizadora de la Iglesia debe tener en cuenta hoy, las profundas transformaciones
culturales y sociales de nuestro tiempo que, con frecuencia, más que favorecer la acción
misionera, pueden dificultarla. Los miembros de los Institutos Seculares son conscientes
de esos desafíos, que están llamados a afrontar, porque han recibido el don de una
"forma de consagración nueva y original, sugerida por el Espíritu Santo para ser
vivida en medio de las realidades temporales y para inocular la fuerza de los consejos
evangélicos - los valores divinos y eternos- en medio de los valores humanos y
temporales".[1]
El Espíritu Santo
les ha concedido la gracia de configurarse más radicalmente a Jesús, en el camino que
recorrió para reconciliar a los hombres, derribar el muro de enemistad (cfr. Ef 2,14) y
recrear la nueva humanidad. Para realizar plenamente todo esto se requiere un "nuevo
ardor"; es necesario que los Institutos
Seculares se comprometan denodadamente a testimoniar la novedad del Evangelio. Sin una
correspondencia más ardiente a la llamada a la santidad para comunicar el Evangelio de la
paz al mundo que se dispone a entrar en el nuevo milenio, todo esfuerzo se reduciría a un
intento sin eficacia apostólica. También los métodos para comunicar la novedad del
Evangelio al mundo deben ser nuevos. A este propósito, los miembros de los Institutos Seculares deben abrirse
a las nuevas formas de comunicación que les ofrece el progreso de la técnica. Pero
no hay que olvidar que también la comunicación
tiene que adecuarse a la novedad que está llamada a difundir. Tiene que distinguirse por
su sencillez evangélica y por su propuesta gratuita (cfr. Mt 10,8), a fin de
favorecer una respuesta libre, responsable y gozosa.
La experiencia
de la búsqueda y del encuentro personal con el Dios vivo es lo más valioso que se puede
of recer a los hombres. No cabe duda de que la llamada a la santidad es la raíz de la
llamada a la nueva evangelización. Ésta exige una
profunda comunión eclesial, que empieza en el seno de los mismos Institutos y se amplía
en una comunión afectiva y efectiva con todo el pueblo de Dios. El Santo Padre Juan Pablo
II expresó claramente la estrecha relación que existe entre la construcción de la
comunidad cristiana y el servicio al mundo, en la exhortación apostólica
"Christifideles laici", precisamente en el párrafo en el que afirma:
"Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad
humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas
comunidades eclesiales".[2]
Por tanto, el
Santo Padre exhorta a todos a continuar por ese camino, a aumentar las múltiples
iniciativas de animación cristiana y a no temer
presentarse en los diversos "areópagos modernos" para proclamar allí, con las
palabras y los hechos, la buena nueva del Evangelio. El compromiso en favor de la paz
y el desarrollo de los pueblos, la defensa de los derechos humanos, la promoción de la
mujer y la educación de los jóvenes son algunos de estos "areópagos" del
mundo moderno, en los que los Institutos Seculares deben sentirse comprometidos.
Con estos deseos
de felicidad, invocando la protección de María Santísima, Reina de los Apóstoles y
Estrella de la evangelización, sobre todos los participantes en el Congreso y todos los
miembros de los Institutos Seculares, el Sumo Pontífice imparte de corazón la implorada
bendición apostólica, propiciadora de los más abundantes favores celestiales.
Cardenal Angelo
Sodano
Secretario de Estado
Roma 1992
[1] Discurso a los dirigentes de los Institutos Seculares: "Enseñanzas de Pablo VI al Pueblo de Dios" 374; L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de octubre de 1972,2.
[2] L'Osservatore Romano, 34; edición en lengua española, 5 de febrero de 1989, 13.